Durante años nos han hecho creer que para cuidarnos necesitamos tiempo.
Tiempo para hacer ejercicio.
Tiempo para meditar.
Tiempo para ir a terapia.
Tiempo para cocinar mejor.
Tiempo para descansar.
Tiempo para todo.
Y claro, cuando miras tu día, te das cuenta de que ese tiempo no existe.
Trabajas.
O cuidas.
O llevas una casa.
O tienes hijos.
O tienes padres mayores.
O intentas emprender.
O todo a la vez.
Y entonces aparece la sensación de que no te estás cuidando lo suficiente, de que siempre vas tarde contigo misma.
Pero el problema no es que no tengas tiempo.
El problema es que te han hecho creer que cuidarte requiere mucho tiempo.
Y eso no es verdad.
Cuidarse no siempre son una hora de gimnasio, una clase de yoga o un fin de semana de retiro.
A veces cuidarse son cosas mucho más pequeñas, pero mucho más constantes.
Respirar bien un momento al día.
Mover el cuerpo unos minutos.
Relajar la mandíbula.
Soltar el abdomen.
Parar antes de que el estrés te coma.
Escuchar tu cuerpo.
Darte cuenta de que estás apretando todo el día.
Cambiar pequeñas cosas que repites cada día sin darte cuenta.
El problema es que pensamos que si no podemos hacerlo perfecto, entonces no hacemos nada.
Y entre hacerlo perfecto o no hacerlo, muchas mujeres llevan años sin hacer absolutamente nada por ellas mismas.
Por eso a veces no necesitas más tiempo.
Necesitas otra forma de cuidarte.
Una forma que quepa en tu vida real, no en la vida ideal que te gustaría tener.
Porque cuando algo cabe en tu vida, lo haces.
Y cuando lo haces cada día, es cuando cambia el cuerpo.
Y cuando cambia el cuerpo, cambia cómo te sientes.
Y cuando cambia cómo te sientes, cambia tu vida.
Por eso nació 4 minutos para ti.
Para las mujeres que no tienen tiempo.
Para las mujeres que llegan a todo menos a ellas.
Para las mujeres que están cansadas de empezar cosas que luego no pueden mantener.
No necesitas una hora.
No necesitas hacerlo perfecto.
No necesitas cambiar tu vida entera.
A veces, de verdad, cuatro minutos pueden ser el inicio de todo.


